Desde el pasado
miércoles se está rezando la novena en honor al patrono de “Barrio Argentino”
San Roque. Hoy Jueves se celebra la
fiesta patronal del barrio con Procesión y misa a partir de las 15:30, habrá
una feria de platos a beneficio de la capilla; participarán del evento las
imágenes de todas las capillas de la comunidad.
SAN ROQUE
En algunos países de América
Latina lo llaman el patrono de los perros y se utiliza su imágen para el
bautizo de las mascotas.
Este santo se ha hecho famoso
en el mundo por los grandes favores que consigue a favor de pobres y enfermos.
Su popularidad ha sido verdaderamente extraordinaria cuando a pueblos o
regiones han llegado pestes o epidemias, porque consigue librar de la
enfermedad y del contagio a muchísimos de los que se encomiendan a él. Quizás
él pueda librarnos de epidemias peligrosas.
San Roque nació en Montpellier,
de una familia sumamente rica. Muertos sus padres, él vendió todas sus
posesiones, repartió el dinero entre los pobres y se fue como un pobre
peregrino hacia Roma a visitar santuarios.
Y en ese tiempo estalló la
peste de tifo y las gentes se morían por montones por todas partes. Roque se
dedicó entonces a atender a los más abandonados. A muchos logró conseguirles la
curación con sólo hacerles la señal de la Santa Cruz sobre su frente. A
muchísimos ayudó a bien morir, y él mismo les hacía la sepultura, porque nadie
se atrevía a acercárseles por temor al contagio.
Con todos practicaba la más
exquisita caridad. Así llegó hasta Roma, y en esa ciudad se dedicó a atender a
los más peligrosos de los apestados. La gente decía al verlo: "Ahí va el
santo".
Y un día mientras atendía a un
enfermo grave, se sintió también él contagiado de la enfermedad. Su cuerpo se
llenó de manchas negras y de úlceras. Para no ser molesto a nadie, se retiró a
un bosque solitario, y en el sitio donde él se refugió, ahí nació un aljibe de
agua cristalina, con la cual se refrescaba.
Y sucedió que un perro de una
casa importante de la ciudad empezó a tomar cada día un pan de la mesa de su
amo e irse al bosque a llevárselo a Roque. Después de varios días de repetirse
el hecho, al dueño le entró curiosidad, y siguió los pasos del perro, hasta que
encontró al pobre llaguiento, en el bosque. Entonces se llevó a Roque a su casa
y lo curó de sus llagas y enfermedades.
Apenas se sintió curado dispuso
el santo volver a su ciudad de Montpellier. Pero al llegar a la ciudad, que
estaba en guerra, los militares lo confundieron con un espía y lo encarcelaron.
Y así estuvo 5 años en la prisión, consolando a los demás prisioneros y
ofreciendo sus penas y humillaciones por la salvación de las almas.
Y un 15 de agosto, del año
1378, fiesta de la Asunción de la Virgen Santísima, murió como un santo. Al
prepararlo para echarlo al ataúd descubrieron en su pecho una señal de la cruz
que su padre le había trazado de pequeñito y se dieron cuenta de que era hijo
del que había sido gobernador de la ciudad.
Toda la gente de Montpellier
acudió a sus funerales, y desde entonces empezó a conseguir de Dios admirables
milagros y no ha dejado de conseguirlos por montones en tantos siglos.
Lo pintan con su bastón y
sombrero de peregrino, señalando con la mano una de sus llagas y con su perro
al lado, ofreciéndole el pan.

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